Partiendo de la supuesta necesidad del autor de encontrar las razones de 500 años de brutal sometimiento en esta nuestra América, por parte de los conquistadores europeos, el autor llega a unas conclusiones que todos los habitantes de este planeta, queriéndolas o no, sabemos, es decir: la subordinación de toda una forma de vida, en base a demagogias y a la suplantación de una nueva cultura, que si bien, no fue del todo benéfica, nos ha traído algunos beneficios como el caso de la globalización. La globalización es algo que, a manera de afección o afectación, nos ha tocado a cada uno de los seres humanos. Latinoamérica es un punto central dentro del neoliberalismo y la llamada tercera vía, que son doctrinas ideológicas que supuestamente se caracterizan por llevar la vida social desde un punto individual, en otras palabras, que la persona crea un mundo propio, de acuerdo a la actividad que está realizando para poder mejorarla cada día con el máximo esfuerzo, una especie de competencia continua entre la gente. No se oye tan mal si entendemos que nuestra vida es nuestra única gran pertenencia, y que cada uno de nosotros debe sobresalir por medios propios, ya que así hemos sido educados. Pero, para los que posiblemente no lo vean así, sabrán que casi ninguna filosofía ha podido construir un buen camino para la edificación de una armonía terrenal. Como opinión personal, solo la música ha podido llevar a momentos de armonía en nuestro tiempo, pues es un gusto que la mayor parte de los habitantes del mundo compartimos y, que muchas veces, en conjunto, nos hace felices. Ya lo dijo de manera muy acertada Beethoven: “La música es una revelación más alta que la filosofía”, o Nietzsche: “Sin la música, la vida sería un error”.
En México, después de la llegada de los españoles, nunca se ha escrito una historia que podamos constatar que es verdadera, pues, como en cualquier país, la historia la escriben los vencedores. Todas nuestras historias están cargadas de un cierto heroísmo patriótico, que se encarna en múltiples actores que “construyeron” nuestra nación, pero lo más vergonzoso del caso, es que, la mayoría de estos “actores” pasan a la categoría de “personajes” (como si estuviéramos hablando de una película) porque se duda que la mayoría de ellos haya existido.
Tomo como ejemplo un precepto del Nacional – Socialismo alemán, en el que se enuncia la razón de su racismo o racialismo, como ideología, y que reza de esta manera: “El racismo es la aspiración a la superación de nuestra raza. O sea que en primer lugar el racismo busca la conservación de nuestra raza y luego la superación de la misma.” Para que los que hicieran el favor de leer este pequeño artículo no se espanten, debo aclarar que lo tomé en base a su pertinencia de preservación de su raza, de su “gente”. Desde siempre, lo que mueve al mundo en general, y a nuestro país en particular, es la ambición, esta ambición de tener más poder o de querer ser respetado sin ninguna justificación de fondo. Se restringe el valor de la unidad nacional, para pasar al “devoramiento de los demás”, de manera maquiavélica. En este punto, ya no importan los mas de 70 años en el poder de un partido, ni la manera en cómo fue decretada nuestra independencia o la historia de una supuesta revolución, ni tampoco la aparente democracia que rige en nuestros días; pues ya no se entiende quien no se deja ayudar: ¿los funcionarios públicos de nuestro país, o nosotros los ciudadanos? Porque los políticos quieren renovar nuestra forma de vida agregando elementos de sistemas de poder arcaicos y mantener por los suelos nuestro acervo económico, cultural y social. Nosotros, que tergiversando nuestra condición, nos oponemos a todo lo que se propone, y a veces de manera muy radical llegando a la violencia; así que no se sabe quien esté peor: si nosotros o ellos. De esta manera, no se puede conservar nuestro nacionalismo del que tanto nos vanagloriamos porque, al fin y al cabo, “paisanos” somos todos, no solamente los que cruzan nuestras fronteras y que, en los últimos años, emigran a otros lugares no por condiciones de mejor vida, sino por ambiciosos ya que en cualquier lugar se puede obtener dinero. Sólo que hay que ser mordaz para obtenerlo a manos llenas, como lo dicta el famoso “sueño americano”.
Si este artículo no tiene una conclusión como tal puesto que nuestra forma de plantarnos en el mundo, y más concretamente, en nuestro país, deja mucho que desear. Así que, si no podemos salvar las relaciones de unos con otros, y seguimos pensando con el mismo supuesto odio, tal vez podríamos, de manera individual, preservar la tierra, ésta que es nuestra única protección y que es nuestro deber cuidar y querer, ya que es el hogar de nuestros niños y de todos los animales del planeta, porque, es bueno recordar que, los niños y los animales no tienen la culpa de lo que pasa en el mundo.
“¡No la luna, la tierra! Descubrir la tierra, rescatar la tierra, purificar la atmósfera, rescatar la tierra de manos de Caín para entregarla a los hijos de la tierra… ¡Un nuevo lenguaje, la palabra autentica, la que todavía no ha sido pronunciada, la única, la nuestra, la del nuevo hombre!1
1 FRANCO, L. GUSTAVO, Casa sin Puerta, 32.
Artículo publicado en suplemento "Entérate". Periódico "El Comentario" U.de.C
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