Cualquier persona en la parte del globo terráqueo que se quiera pensar, tiene la capacidad de asombrarse de los fenómenos negativos que ocurren tanto en lo natural como en lo social (el acuñar el término negativo, es sólo de manera relativa, pues la naturaleza esta regida por ciclos que debe de cumplir, y si ésta no reacciona de manera habitual, es por los cambios que sufre como consecuencia de las actividades irracionales, por decir de alguna manera, llevadas a cabo por la sociedad, de la cual también yo soy parte, es justo aceptarlo) y a partir de esto, crear utopías e ideales que se llegan a descubrir, descifrar o develar en simples platicas coloquiales, escritos, o “importantes” tratados. Los que de alguna forma nos dedicamos a esto que llamamos filosofía, por imposición o decisión propia, tratamos de plasmar nuestras ideas y aparentes soluciones, y esto es lo que ha podido llevar a cabo Zea, y esto es algo que tiene un valor por sí mismo, pero como nada en esta vida es perfecto, obviamente en la filosofía también existen problemas que conllevan prejuicios, uno Zea lo detecta, el darnos cuenta que, al correr de generaciones, hemos llegado a entender que la filosofía no es universal, esto lo digo tal como se ha tratado, ya que es bien sabido que cada continente o país tiene sus propios problemas y aunado a eso, los países de primer mundo (tomando como referente claro nuestro territorio), en variadas y vastas ocasiones nos hacen llegar todavía más complicaciones. Si creemos que la filosofía es universal, aun peor es lo que muchas veces podemos llegar a pensar la gente inmiscuida en esta, “creemos saber que sabemos”, como algunas vez lo imprimió Schiacca, y que hace que los filósofos, si es que así se les puede llamar a algunos de muy dudosa procedencia, convivan en sociedades elitistas, inventando conceptos y creando tratados alejados de la cruel realidad. Zea, como cualquier habitante del llamado “tercer mundo”, culpa en demasía a la globalización de ser la culpable de todos nuestros problemas en Latinoamérica, en parte tiene razón, pero es una locura el proponer que nos deslindemos de todo lo que tenga que ver con nuestro pasado, porque, si es que, a cada momento, estamos peleando porque exista una diversidad tanto cultural, como racial, sexual, sin la influencia de otros países, nuestro país o continente no progresaría. Una forma de solucionar un poco mejor nuestra deleznable realidad es implementando en la educación el motivar a filosofar, no necesariamente sólo imponer historias de la filosofía, que si bien, sirven como apoyo, no alimentan la razón para el ejercicio del filosofar, esto se puede lograr tanto en los más pequeños, que serían lo central, hasta los jóvenes y adultos. El beneficio consistiría en que se ayudaría a las personas a entender su realidad, y las realidades aparentes, para poder tomar decisiones propias y así tener una sociedad más consciente, ya que, hay algo que no debemos nunca dejar de lado, comprender que, en conjunción con el aparente daño que nos causa la globalización, en un mayor grado, y siendo pertinentes en nuestras reflexiones, a sabiendas de la situación actual y concreta de nuestro país, el enemigo está en casa, llamémoslo política, narcotráfico, corrupción, o como quiera que se le llame.
Concluyendo, creo que, así lo diga Zea, Gaos, Caso, Reyes, o en nuestra realidad, Dussel, Villoro, o cualquier filósofo de nuestro país, tiene más certeza y verdad lo que pueda decir, opinar o reclamar, por ejemplo, Rosa “la que vende mangos”, porque, dada su condición precaria, ella si lo vive, siente, y lamentablemente, lo sufre.
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